Castillo

CASTILLO ÁRABE “LOS MURONES”:

 

Restos de la Torre Mayor. El castillo corona el emplazamiento de la población, en la ribera izquierda del río, situándose una posición geoestratégica. De origen de origen Islámico, tras la reconquista, debió caer pronto en desuso, ya que el señorío se trasladó al interior del actual núcleo urbano.

Su morfología revela un pentágono irregular más desarrollado en el eje norte-sur. Su configuración constructiva muestra diferencias en las estructuras de edificación y en su variable composición. Disponía de varias torres que defendían el recinto amurallado. Persiste incompleta lo que fue la Torre mayor o del homenaje, de planta cuadrangular, y parte de los lienzos de muralla frontal este-oeste, todo ello construido con la técnica de tapial, tiene la particularidad de que en el interior de su encofrado apenas se ha utilizado mortero, reduciéndose a una costra exterior de protección, siendo la tierra el elemento fundamental. Construidas con sillares de piedra hay dos torres cilíndricas almenadas, reforzadas en su parte baja por un alambro o talud. Éstas sobresalen de la muralla y miran a la villa que se escalona a sus pies.

Contarían estas torres, con tres posiciones de fuego desde el interior mediante otros tantos niveles de tronera. Se observa por la posición de las desaguaderas, la ampliación sobre el almenado de otro nivel constructivo. Con sillares se han construido también el muro sur y el refuerzo del oriental, donde el tapial había desaparecido.

Sus torres fueron acondicionadas en época cristiana para el uso del fuego artillero.

El estado general actual de la fortaleza es de ruina, permaneciendo única y parcialmente, la estructura perimetral del recinto, apareciendo su interior colmatado por los sedimentos procedentes de la muralla árabe, fácilmente degradable tras la descomposición del territorio islámico. La única dependencia interior claramente identificable es el aljibe u almacén sito en lo que fuera el patio de armas, donde se localizan los restos de un muro todavía en pie de paredes lisas y de un material duro, donde se aprecian unos grafitis en forma de círculos concéntricos perfectos y alguna palabra ilegible.

Restos de la muralla del castillo Una vez dentro del aljibe nos encontramos con una pared de materiales recientes lo cual nos lleva a pensar que se trata de una de las tres entradas secretas que  las gentes lugareñas comentan que tiene el castillo, bajando una hacia el río por la parte este, otra que bajaría por lo que hoy es centro de la población y otra por el oeste, que saldría por la boca existente junto al lavadero. Todas permitirían a los moradores del castillo bajar de forma oculta a la vista de los de la villa, a fin de proveerse de comida y agua. Estos pasos tapiados, comentan los mozos de antaño, hoy “abuelos”, que están cavados bajo tierra siendo pasadizos estrechos y que algunos poseen una especie de descansillos cuadrados con mesas y bancos de piedra, posiblemente para descansar en su subida hacia el castillo.

No es menos cierto que el castillo de Gestalgar, tras ver pasar los siglos y sufrir miles de peripecias como el resto de estas edificaciones a lo largo de nuestra ancha geografía, sólo han servido para ser un mero vigilante mudo y ciego de las vivencias de un pueblo, pues nadie se ha preocupado nunca de preguntar y saber de aquellas personas que años lejanos habitaron en él.

Esta fortificación podrá datar del siglo XII, reinado de MUHAMED IBN MARDANISH, momento en que estos edificios recibieron un gran impulso, en su construcción y/o ampliación